Entonces, hemos de respetar al Hijo
Cristo es nuestro Redentor
No escribí estudio la semana pasada por haber ido a Mexicali para visitar los hermanos en la pequeña asamblea que se reúnen en el rancho de M. y E. Balderas. Pasamos un tiempo agradable con ellos y otros hermanos que también visitaban. Esta semana quiero pasarles también la explicación que di a un hermano que me pidió más información sobre lo que escribí hace dos semanas (pues se me ocurre que pueda haber otros que están confundidos también); “Dios hubiera sido glorificado en la muerte de Cristo, aunque ni siquiera un pecador fuera salvado”. Puede ser que otros hermanos más dotados que yo puedan añadir algo más para aclararnos el entendimiento.
Para mí no es fácil explicar, siendo que mi entendimiento a lo mejor también es defectuoso. Pero, así me explicaron: Dios creó al mundo en perfección (Génesis 1:1); el diablo cuando cayó, arruinaba la primera creación (Génesis 1:2). Dios lo volvió a establecer para su gozo y para el hombre quien había creado en la semejanza e imagen de Dios (Génesis 1:3-31). Entonces el hombre escuchaba también a Satanás, y cayó. Así la obra de Dios Satanás había deshonrado o arruinado, por decirlo así. Cristo vino, y con su obra perfecta en la cruz, deshacía o anulaba todo lo que Satanás había hecho, y todo a la gloria de Dios, una obra perfecta, infinita, sin falta o falla. “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir (mejor “anular”) por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo”. Hebreos 2:14 Dios era glorificado completamente, Satanás conquistado y aplastado de todo. Obviamente Dios si tenía en su plan la obra de salvación al hombre perdido, para ponerle en un lugar semejante a su propio hijo, pues Dios siempre quería hijos en su casa, y Dios es amor. Esto se ve en el versículo que sigue de una vez en Hebreos 2:15 “Y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre”. Pero la parte que el dicho cubre es eso, que la obra de Cristo primero que todo era para la gloria de Dios. Somos algo egoístas, me parece, porque nos interesa mucho en nuestros beneficios, y no somos muy atentos a pensar de la gloria de Dios.
Otros versículos que tocan al tema son estos: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar”. Juan 10:17 “Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad”. Hebreos 10:8-9 “Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese”. Juan 17:4 Cristo horrorizaba de la cruz y ser hecho pecado, él que no conoció pecado, pero gozaba en hacer la voluntad de Dios; hay algo en esto que nos sobrepasa el entendimiento, pero Dios tiene su perfecto gozo y apreciación de su Hijo amado. “Por eso me ama el Padre…”
Un hermano que partió a la presencia del Señor hace muchos años lo explicaba así, que es más precioso a Dios que adoremos en el carácter del holocausto. Vamos a suponer que yo tengo deuda, tan grande que nunca puedo pagar. Un hombre que me ama, pide a su hijo que pagara la deuda en total, y así se hace, y yo voy libre. Después, este padre tan cariñoso y amoroso me invita a su casa a cenar. ¿Que sería si yo paso el tiempo comiendo y conversando hablando de que bueno es ser perdonado de mi deuda? Indudablemente esto estaba en la mente de mi benefactor al pedir a su hijo que pagara mi deuda, pero ¿no sería mucho más grato a mi benefactor, si yo le digo “Quiero decirte que pienso de tu hijo”? Y si yo fuera totalmente ingrato, nunca reconociendo el gran sacrificio del hijo, ¿eso puede disminuir la gloria del padre y del hijo, quienes concordaron para satisfacer la deuda?
El holocausto habla de eso “Quiero decirte que pienso de tu hijo.” Así los sacerdotes no comían del holocausto. Todo era quemado para Dios, un olor suave. Ojala que esta explicación sirva para ayudarnos entender mejor si un hermano habla sobre la ofrenda, el holocausto, y menciona algo acerca de la gloria de Dios. Podemos decir esto “Cristo murió por nosotros y para Dios”. Dios no necesitaba expiación, y nosotros sí. Pero la muerte de Cristo era para la gloria de Dios.
Continuamos la semana que viene, Dios mediante, meditando sobre Moisés y los hijos desobedientes de Aarón. “Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová. Entonces dijo Moisés a Aarón: Esto es lo que habló Jehová, diciendo: En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado. Y Aarón calló”. Levítico 10:1-3 ¡Pobre padre Aarón! ¡Dos de sus hijos muertos en un día por desobediencia! ¡Y no podía hacer duelo….! Moisés le tenía que aconsejarles “Moisés dijo a Aarón, y a Eleazar e Itamar sus hijos: No descubráis vuestras cabezas, ni rasguéis vuestros vestidos en señal de duelo, para que no muráis, ni se levante la ira sobre toda la congregación”.
20 marzo de 2016